Cuando la guerra se convierte en espectáculo
Durante el "III Seminario Internacional de Reporteros de Guerra", organizado por Estepona Ciudad del Periodismo, fueron muchos los temas que los ponentes expusieron. Por ejemplo, y sólo por citar algunos, el desconocimiento de los profesionales y la mala formación, el posicionamiento de los medios por un bando u otro, la inexistencia de la objetividad, el encuentro con el otro, la historia del reporterismo de guerra, el abuso de la mujer en los conflictos… todos ellos contados desde la experiencia propia de cada uno de los periodistas que asistieron al acto.
Pero quizás el tema central del seminario, por ser el más recurrente, fue la “guerra como espectáculo”. Esta guerra es a la que nos enfrentamos actualmente. Guerras en las que se manipula la información y las imágenes, donde lo importante es entretener y no informar y donde sólo se acepta una única verdad. Aquí también encontramos la frivolidad, y a veces la imprecisión, del lenguaje en términos como daños colaterales, bombas inteligentes o liberación en vez de invasión. La Guerra del Golfo, la de Afganistán o la de Irak son ejemplos de estas guerras mediáticas donde prima la desinformación y la manipulación.
La censura, aunque en estas guerras hablamos más bien de manipulación, condiciona la opinión del público. Por ejemplo, los americanos dejaron de apoyar la Guerra de Vietnam porque vieron por televisión las ofensivas de su ejército. Si hubiera sido censurado lo que los soldados estaban haciendo allí, no habrían cambiado de opinión.
Lo importante es salir en televisión, da igual la manera y la veracidad de la información. Se crean noticias, se realizan secuestros, entrevistas… La propia guerrilla iraquí graba cada acción armada y la distribuye por Internet.
Si una noticia no es totalmente cierta, puede volver a salir a los medios una segunda vez cuando sea contrastada. Esta es una manera de mantenerse en las televisiones.
El problema es que los medios de comunicación están vendidos al gobierno y a las empresas. Son portavoces de sus intereses. En los conflictos bélicos los medios se posicionan, adoptan una postura de acuerdo a la opinión de los que los mantienen, mostrando sólo lo que les conviene para defender al bando elegido. Presentando la guerra como un reality-show que vemos en nuestro salón, los medios sólo consiguen que llegue al espectador una realidad distorsionada.
A partir de esta realidad simulada, el público es manipulado con el sensacionalismo. Todo está preparado, hoy en día es tan importante la estrategia mediática como la militar. Los medios de comunicación de masas están jugando un papel determinante en los conflictos bélicos, tanto es así que algunos se preguntan si hubieran estallado ciertas guerras de no haber sido por los medios.
La pregunta es: ¿hay guerra si no hay una cámara grabándola?, es decir, ¿nos preocupamos por algo si los medios no le dan la suficiente cobertura? Lo cierto es que no. Los medios cubren las noticias que no les interesan de manera superficial, de pasada, centrando nuestra atención en el acontecimiento al que dan más protagonismo. Así, nos crean una visión errónea de lo que pasa en el mundo.
Una solución para conseguir información sobre conflictos que no esté corrompida y tratada con anterioridad, es que los periodistas utilicen canales alternativos, como la red, para distribuir sus artículos.
En una sociedad manejada y doblegada al antojo de los dirigentes, donde la estrategia política, económica y mediática van de la mano, sólo podemos desconfiar de los medios tradicionales.
Enlaces de interés:
Cómo se construye una guerra
